40 puñaladas sin juicio por creer en Dios

Nació el 8 de marzo de 1903 en Oropesa (Toledo). Se llamaba Pedro. Cuando estalla la guerra civil le faltaba una asignatura para terminar la carrera de Farmacia, aunque ya ayudaba en la Oficina de Farmacia que su padre regía en Oropesa (Toledo). Siempre llevaba el escapulario de la Virgen del Carmen. Era Presidente de las juventudes de la CEDA de Oropesa y miembro de la Acción Católica.

En el pueblo había un hombre llamado Octavio, de profesión veterinario, que siempre se manifestaba ante todos mostrando su anticlericalismo y su odio para con Dios. Un día, en una bar del pueblo, tiró un crucifijo al suelo, lo pisó y escupió, mientras decía: “-Dios no existe”. Todos los presentes callaron cobardemente, excepto Pedro que recogió el crucifijo del suelo, lo limpió y le dijo que no fuera tan cobarde, ofendiendo de ese modo a Dios. Este vecino, le dijo: “-Serás de los primeros en caer”.

Cuando estalló la guerra Oropesa quedó en zona republicana. Los milicianos, todos militantes y simpatizantes de partidos y sindicatos de izquierda a cuyo frente estaba el tal Octavio comenzaron a detener a varias personas. Pedro fue detenido el 28 de julio y se lo llevaron al Ayuntamiento. Después a la cárcel del pueblo. No le hicieron juicio y le sacaron la madrugada del 30 de julio para matarlo. Antes de salir, le dijo a su mejor amigo Daniel Robledo, detenido también: “-Me llevan a matar”, y mientras se despedían, le dijo: “-Vete a ver a mi padre, si sales vivo, y dile que muero pensando en Dios y en él, y en mis hermanos”. Le hicieron subir a una furgoneta, junto a otros tres vecinos. Durante el trayecto iban rezando. A las afueras del pueblo, en la carretera hacia Madrid, en el Prado de los Álamos, les hicieron bajar, y los fueron matando. El se quitó las gafas y dijo: “-Prefiero morir sin ver nada, para poder rezar y no distraerme”.

A él le dieron 40 puñaladas y como no acababa de morir, le dispararon un tiro en la nuca y le arrancaron el escapulario del Carmen, pero él lo cogió entre sus manos. Murió rezando y perdonando. Mientras le daban las puñaladas, sus asesinos se reían ante sus sufrimientos físicos. Los cadáveres fueron encontrados en el término de Calera y Chozas (Toledo).

Su nombre completo era Pedro Hijas Sánchez. Hermano de mi abuelo. Hoy espera ser declarado mártir de la Iglesia. Quiero que estas líneas sean un pequeño homenaje a él. También a mi abuelo, Teodoro Hijas Sánchez, que fue detenido en Marzo de 1.936 por estar afiliado a la Falange, que consiguió salir de la cárcel antes de la guerra gracias a un oficial de la Armada, que se exilió en Portugal y que volvió , en una escena que contaba mi abuela: cuando Franco liberó Extremadura llegamos en tren a Navalmoral de la Mata y al bajar del tren lo primero que escuchamos fue como cantaban el Cara al Sol. Mi abuelo murió siendo falangista y franquista.

1 Comment on "40 puñaladas sin juicio por creer en Dios"

  1. Quien a los suyos se parece, Y HOMENAJEA, honra merece.

Comments are closed.