Una aproximación al fraude de la Ley de Memoria Histórica. Juan E. Pflüger

José Luis Rodríguez Zapatero pasará a la historia de España como el más ruin de cuantos presidentes del Gobierno han pasado por nuestra patria en muchos casos, como el suyo, intentando destruirla. La competencia era dura porque hemos estado gobernados a lo largo de nuestros muchos siglos de historia por una caterva de miserables que se han turnado en las poltronas del poder con, al parecer, el único objetivo de destruir la grandeza que lograba alcanzar España.

Zapatero, llegó a Moncloa por casualidad. Algunos dicen que por accidente, aunque todos sabemos que no fue sino el gran beneficiado del peor atentado terrorista que ha sufrido nuestra patria, que en esas lides también ha tenido una triste y dilatada experiencia. Y como ni él mismo tenía pensado gobernar había hecho una campaña triste y mísera en promesas, por lo que su primera legislatura fue un cúmulo de impulsos a cada cual más progre.

Uno de esos impulsos fue la promulgación de la Ley de Memoria Histórica. Sí, esa misma que hace seis años que prometió derogar Mariano Rajoy, que a poco más que se esfuerce va a convertir en bueno a Zapatero. Disfrazó la Memoria Histórica en supuestas alegaciones de dignificación de las víctimas que habría sembrado el franquismo por cunetas, cementerios, fosas comunes y todo espacio imaginable en el que pueda ser escondido un cadáver.

Pusieron en marcha toda una campaña para convencer a los españoles que nuestro país es el segundo del mundo con más fosas comunes –falso-, que el franquismo asesinó de manera indiscriminada desde el 1 de abril de 1939 hasta el 20 de noviembre de 1975 –falso-, que los integrantes de todos los gobierno del franquismo disfrutaban con la muerte y la tortura de sus “enemigos” –falso-, y que la reconciliación nacional solamente se lograría mediante la eliminación de todo resto de franquismo allá donde se encuentre éste.

De inmediato, centenares de asociaciones de las que nadie había oído hablar se lanzaron –previo reparto de jugosas subvenciones- a demostrar que vivimos en un franquismo encubierto en el que los vestigios de “fascistas” se encuentran por doquier y que ha tapado fosas en lugar de abrirlas. Tengo a gala ser el único periodista que ha hecho un vaciado del gasto de la millonada destinada a la Memoria Histórica. Los datos hablan por sí mismos: oficialmente nos ha costado 25 millones de euros. Se supone que ese dinero debería dedicarse a lo que llamaron la “dignificación” de los represaliados del franquismo.

Pero ¿saben ustedes cuánto de ese dinero ha ido a la recuperación de cuerpos? Solamente seis millones. Menos de la cuarta parte. ¿El resto? A sufragar todo tipo de asociaciones, fundaciones y pandillas de amiguetes, curiosamente muchas de ellas vinculadas al PSOE e IU. Los que decían que pretendían la dignificación de las supuestas víctimas de la represión han cometido la indignidad de lucrarse aprovechándose de esos supuestos muertos a los que pretendían dignificar. ¿Se les ocurre mayor miseria moral?

Pero para vivir de esa sopa boba de la subvención tenían que parecer útiles. Había que inventarse fosas y sembrar España de ellas. Daba igual que la mayoría no existiera, tenían que ser muchas. Y montaron un mapa con ¡2.246! fosas comunes. De ellas, la mayoría inventadas o situadas en el mapa en base a habladurías y chismorreo popular. Muchas también están llenas de víctimas de la represión perpetrada por el Frente Popular que fue más terrible que la del otro bando.

Para no aburrirles terminaré con una experiencia personal. De esas 2.246 yo he participado en los trabajos de exhumación de una pequeña parte, solamente de 16. Todas estaban en el famoso mapa. El resultado de mi participación ha sido el siguiente: 6 estaban vacías, otras seis eran fosas con cuerpos de fallecidos en acciones bélicas de uno y otro bando, dos estaban “ocupadas” por asesinados por el Frente Popular, esa represión que según ellos nunca existió. En los cientos –sí cientos- de cuerpos que encontramos asesinados por los marxistas encontramos restos de terribles torturas y mutilaciones. Curiosamente no eran fusilamientos y la mayoría de los cadáveres no presentaban tiro de gracia.

Las dos únicas fosas con represaliados del franquismo se encontraban en localidades cercanas a la carretera de Extremadura, me van a permitir que no de sus ubicaciones porque los resultados de esas exhumaciones todavía no se han hecho públicos, solamente les daré unos datos. En una se buscaban 16 cuerpos, se encontraron 3. En la otra se buscaban cuatro y solamente había uno.

Así están hechas las cuentas de la Memoria Histórica. ¡Ah, por cierto! ¿Saben ustedes que en las fosas en las que encontramos restos de cuerpos asesinados por marxistas no pudimos individualizar los cuerpos y dignificar los enterramientos porque no había presupuesto para ellos? Esa es la Ley de Memoria Histórica. Juzguen ustedes.