La causa del separatismo somos los separadores: una profunda estupidez. Por Eduardo Arias

¿Qué es un separador? ¿Y tú lo preguntas? Un separador eres tú. Es la cantinela con la que muchos españoles, ya no tantos y serán cada vez menos, vendrían al escuchar los planteamientos que hago frente al separatismo. Y aunque el concepto de separador nunca está del todo claro, cuando se usa el término, yo me doy por aludido. Quizá más que nada porque la posición equidistante entre separatistas y separadores o, incluso, la que culpa del separatismo, aunque sea en una mínima parte, a los separadores, sea lo que sea lo que se entienda por ello, me parece una solemne chorrada.

Voy a tratar de explicar dos ideas básicas para vacunarnos contra la palabra separador. La primera es que a los separatistas, los separadores sólo les sirven como excusa pero no les influyen ni lo más mínimo a la hora de sostener o no sus tesis independentistas. La segunda es que ningún presunto separador es, en realidad, tal cosa salvo el caso muy excepcional, si es que existe, de algún español que odie Cataluña, por ejemplo, y, por lo tanto, desee su independencia.

Pues bien, todos habremos escuchado aquello de son tan malos los separatistas como los separadores. Solemne chorrada sostenida habitualmente por aquellos que se pasan la vida haciendo la pelota al separatismo con la pretensión, supongo, de que a base de sobarles el lomo los independentistas dejen de serlo y pasen a querer alistarse en la Legión. Es algo así como empeñarse en que la culpa de ser separatista no la tienen los separatistas sino que somos los demás los que con nuestra brusquedad y nuestras ideas poco comprensivas con el fenómeno identitario de turno provocamos la reacción indepe.

Vamos al tajo. Primero dos ejemplos. Francia. Poco o nada comprensiva con los fenómenos identitarios de cualquiera de sus regiones y, como a los españoles nos viene muy al caso, señalemos que poco o nada comprensiva con los idiomas regionales vasco o catalán. Hace tres días los representantes del pueblo francés han votado que la única lengua oficial en Francia es el francés y a las lenguas regionales les han dicho que tururú. Segundo ejemplo: Franco. Sin duda, Franco le daba muy poca importancia a los rollos identitarios regionales más allá de lo que culturalmente pudieran significar. El único idioma oficial era el español, el Estado era una unidad administrativa, el mensaje ideológico del Estado era completamente españolista. Pues bien, podemos decir que estos sendos discursos separadores, Francia y Franco, daban como resultado, el de Franco, que los separatas cabían en un taxi y, el de Francia, que cabían y caben en medio taxi. Ergo, cabe deducir, que posturas que los equidistantes llaman separadoras, lejos de provocar separatismo, lo que provocan es adhesión a Francia o a España y un independentismo nulo.

Por otro lado, meditemos cual ha podido ser la influencia en el crecimiento del separatismo de presuntas posiciones separadoras. ¿Cuál es el discurso dominante en España, en sus partidos políticos, en sus medios de comunicación? Y cuando decimos dominante, queremos decir apabullante. ¿El separador o el de sobar lomos del separatismo? La respuesta creo que es obvia. Pero además ¿Cuál ha sido la política de los Gobiernos españoles desde la transición? ¿Ha seguido España políticas que pudieran definirse como separadoras o, por el contrario, ha seguido España políticas de concesiones continuas a las tesis separatistas? Creo que la respuesta también es obvia. Y ahora vamos a otra deducción lógica. Si el separatismo ha ido creciendo a lo largo del periodo democrático y las políticas y el discurso de ideas imperante han estado en el polo opuesto a ideas separadoras, cabe deducir que no han sido posiciones separadoras las que han hecho crecer exponencialmente el separatismo. Es más, cabe deducir lo contrario.

Dicho lo cual, pretender que Gabriel Rufián es separatista porque un día en el Bernabéu unos Ultrassur gritaron lo de “puta Barsa, puta Cataluña” roza lo cómico. Tratar de encontrar la razón del separatismo en que alguien en twitter ha escrito que está de Cataluña y los catalanes hasta los cojones es surrealista. Decir que los indepes son indepes porque alguien un día dijo algo así como que se independicen de una vez y nos dejen en paz es una estupidez. Las razones del secesionismo son bastante más profundas, no vamos a entrar en ellas ahora, pero buena parte de culpa está en que España no se ha mostrado más firme en posiciones que muchos llamarían separadoras como, por ejemplo, haber mantenido un único idioma oficial en toda España: el español.

En definitiva, cuando un independentista sale con el discurso de que son separatistas por culpa de los presuntos separadores hace dos cosas: la primera miente y la segunda encizaña. Los no separatistas que entran en el juego de separatistas y separadores son los que, con bastante poca inteligencia, se dejan encizañar y son los que provocan concesiones al separatismo que lo que hacen siempre, a medio y largo plazo, lejos de apaciguar el sentimiento independentista, es entregar herramientas para su fomento.

Las segunda idea de este artículo es que, stricto sensu, no existen los separadores. Ni siquiera el que grita “puta Barsa, puta Cataluña” está llamando puta a Cataluña. Literalmente sí. Pero hay que ser muy burro para no entender que el que corea esa consigna está insultando, en realidad, única y exclusivamente a los separatistas catalanes. Lo que ocurre es los equidistantes entre separatistas y separadores supongo que admiten el “puto Barsa” como grito futbolístico y luego querrían algo así como “putos catalanes que trasmiten separatismo al resto de catalanes buenos”. La idea es loable pero difícil de llevar a la práctica. Igual sucede con el pobre que no mide sus palabras con la pulcritud exigida por los equidistantes y se le escapa un Cataluña o catalanes generalizadores cuando todo el mundo sabe que se esta refiriendo a los separatistas. Y quizá, alguien hay por ahí que, hasta el gorro del tema, diga, con cierta sinceridad interior, que se independicen de una vez y nos dejen en paz. Hasta para ese, en el fondo, ha bastado el millón de catalanes manifestándose por la unidad de España para apartar esa opinión.

Conclusiones finales: no existen, en realidad, los separadores. La influencia en que los separatistas lo sean de las presuntas posiciones separadoras es nula. Por el contrario, los equidistantes, en su buenismo estúpido, sirven de ayuda al independentismo. Algunos, además, lo hacen voluntariamente en un buenismo que ya no es tan estúpido. Y, por último, son precisamente las posturas separadoras las que servirían para hacer desaparecer el independentismo básicamente porque esas posturas hacen de una nación algo digno, orgulloso y firme y a todos nos gusta sentir que nuestra Patria es digna, orgullosa y firme. Quizá muchos independentistas dejarían de serlo si vieran en España dignidad, orgullo y firmeza.