Art. 155 y Elecciones autonómicas catalanas: Rajoy, de error en error. Por Eduardo Arias.

María Elvira Roca en su libro “Imperiofobia y leyenda negra” viene a decir que la victoria cultural de la leyenda negra contra España se produjo por la ausencia de una respuesta firme española. Quizá por cierto desdén español pero también debido a que España pretendía mantener dentro del Imperio o dentro de la Cristiandad a quienes la propagaban. Aquello hacía, en definitiva, que España contestase a la propaganda enemiga con prudencia, con cuidado, con el ánimo de no ofender. Mientras, la parte contraria actuaba sin escrúpulos y sin limitaciones. Finalmente la leyenda negra se impuso como verdad asumida hasta por muchos españoles y hoy sigue teniendo un coste para los intereses de España dentro de nuestra Patria y fuera de suelo español.

Este fenómeno que, en cierta medida, se produjo hasta en la España de Franco con respecto a los rojos, se esta reproduciendo con respecto al separatismo catalán. Es un error. España no puede responder al separatismo catalán con la intención de no ofender a los separatistas para hacerlos volver al redil. España debe contestar al separatismo con toda la firmeza, con toda la verdad, con toda la crudeza, por doloroso que suene a los separatistas, con la esperanza de que algunos secesionistas dejen de serlo, con el objetivo de que ni un solo español más en ninguna región española se vuelva contra España y con indiferencia absoluta, por no decir desprecio, hacia los catalanes, en este caso, que han decidido traicionar una nación, España, que si con alguna región española ha sido generosa, en todos los sentidos, ha sido con Cataluña. Se trata de salvar Cataluña, no los catalanes secesionistas.

La aplicación que del art. 155 de la Constitución ha llevado a cabo el Gobierno de Rajoy ha sido tardía y laxa. Tardía, en cuanto el secesionismo catalán ya había dado razones de peso para haberlo puesto en marcha desde hace muchos años, por ejemplo cada vez que se dejaba de cumplir una Sentencia judicial y no digamos con el referéndum del 9N; y laxa, en tanto en cuanto, en el fondo, hasta la disolución del Gobierno de la Generalidad no es más que la consecuencia de la convocatoria de unas Elecciones Autonómicas. El Gobierno no ha hecho nada más. Otra cosa es el trabajo de jueces y fiscales ante el que ya ha salido a relucir la palabra indulto.

El Gobierno de Rajoy y el PP han manifestado que el art. 155 devolvió Cataluña a la normalidad. Y no deja de ser cierto. El problema es que la normalidad en la que Cataluña lleva sumergida años es una realidad completamente anómala. El PP ni siquiera se ha planteado intervenir en la educación con lo que el proceso de inmersión lingüística sigue plenamente en pie y en nada se ha visto frenado por el art.155. El PP no ha tocado, en absoluto, los medios de comunicación públicos catalanes destinados, sin disimulos, a crear un ambiente social favorable al secesionismo y a censurar con el silencio cualquier postura españolista. Los candidatos secesionistas han tardado semanas en perder miedo alguno en sus proclamas y se manifiestan favorables al proceso revolucionario independentista, a la república catalana declarada y a la denominada vía unilateral. Y, por último, por no intervenirse no se ha entrado a fondo ni en los Mozos de Escuadra: una fuerza armada de 17.000 hombres cuya deslealtad con España, en todo el proceso separatista y, muy especialmente, en el desarrollo del 1 de Octubre, habría obligado a su disolución con la integración de su personal sano en la Policía Nacional o en la Guardia Civil.

En conclusión, el Gobierno de Rajoy ha querido intervenir, porque ya no le quedaba otra que hacerlo o mirar ensimismado una declaración de independencia, sin molestar, sin ofender, con dulzura, con la esperanza de recuperar para España a unos secesionistas irrecuperables, sin, ni siquiera, una respuesta cultural firme que entre a fondo a responder todas y cada de las falsedades históricas en las que descansa el separatismo catalán. Ello, de momento, concede una victoria ideológica al secesionismo, al menos, en Cataluña donde la respuesta procede de pequeñas asociaciones que, por otra parte, se enfrentan al monstruo secesionista sin apoyo alguno, ni económico ni moral, del Estado Español.

Y en esta tesitura nos plantamos ante las elecciones del próximo 21 de diciembre. ¿Los resultados? Complicados, seguro. Malos, casi seguro. Una victoria con la suma de Cs y PP es impensable y esa sería la única salida positiva, dentro de lo malo. Unos resultados que den para un Gobierno de izquierdas, PSC-ERC-Podemos, son muy probables y serían catastróficos en el corto y medio plazo. La otra posibilidad es una victoria independentista o entrar en un círculo sin fin de eterno art. 155 de fondo con constantes convocatorias electorales. ¿Puede ser que el PSC opte por Arrimadas si la suma PP-Cs-PSC diera para un Gobierno presidido por Cs? Lo vemos muy difícil pero de producirse las condiciones del PSC harían que ese Gobierno fuera inoperante para frenar al secesionismo. En el fondo, cambiarían muy pocas cosas de la realidad catalana a la que el PP llama normalidad.

Rajoy y el PP se han equivocado. Gravemente. Han desperdiciado la posibilidad de una intervención firme, de fondo y duradera en Cataluña. Por el momento han obtenido poco más que un tiempo muerto pero cuando se reanude el partido todas las alternativas, incluso un Gobierno de Arrimadas apoyado por PP y PSC, no dejan de ser favorables al secesionismo en la medida en que muy pocas cosas del caldo de cultivo que ha convertido en Cataluña a millones de españoles en traidores a España se verán modificadas de verdad. La normalidad en Cataluña seguirá siendo la realidad anómala que nos ha traído hasta aquí y que con toda probabilidad, en más o menos tiempo, nos volverá a llevar a un nuevo órdago separatista, probablemente, con mejores cartas y más fuerzas que las que ha exhibido en este.