Tradiciones Marianas. Por José Pedro Cruz

La Capilla Domiciliaria es una preciosa tradición, es una costumbre que arranca del siglo XV. Parece ser según la documentación más antigua encontrada al respecto, que pudieron ser los frailes Franciscanos, y las antiguas Órdenes de Caballería quienes introdujeron este hábito de pasar por los domicilios una pequeña Capilla a fin de facilitar al pueblo llano la Cercanía y el Amparo de sus Santos Patrones; esa costumbre actualmente se haya extendida, no sólo por España, sino también por CentroEuropa y por Hispanoamérica, donde tuvo también lugar, de este modo, por parte de los Franciscanos, la evangelización de los Indígenas, convirtiéndose esa esperada Visita, en una tradición que perdura hasta nuestros días. Las primeras Capillas que se utilizaron eran según nos consta, las de la Virgen del Carmen, San Francisco de Asís y las dedicadas a S. Antonio de Padua.
Posteriormente esta tradición cobró nuevamente fuerzas tras la Desamortización de Mendizábal. Ya que con su reintroducción se pretendió frenar la corriente laicista y además conseguir Fondos para mantener la Iglesia y sus necesidades, a través de las limosneras que incorporaban las Capillas Domiciliarias.
Desde que nuestros más mayores tienen recuerdo se solían recibir de manera principal por las casas dos Capillas Domiciliarias de la Virgen, una la de la Milagrosa, y otra la de Nuestra Sra. de Fátima. La grandísima devoción Mariana que se le tenía a “La Milagrosa”, tuvo que abrir un hueco a la Capillita de la Virgen de Fátima, con la que se recogía ayuda para los necesitados de Rusia, dado que a través de la Asociación de Amigos de Rusia se hicieron y repartieron muchas imágenes por toda España.
Antiguamente las familias más pudientes, solían tener sus propias Capillas en sus domicilios, por lo que las Capillas itinerantes eran un recurso magnífico para que la gente más humilde disfrutase de la presencia de María en sus hogares.
Tenían pues esas Capillas cuatro fines principales:

  • Difusión de la Fe cristiana.
  • Aproximación de las Imágenes Sagradas, potenciando su culto y aumentando la devoción popular.
  • Fomentar un entorno familiar cristiano en los hogares que recibían estas visitas.
  • Y también recaudar limosnas que iban principalmente dirigidas a obras de caridad.
  • Además lógicamente se unía a todas las familias devotas que recibían su visita en oración y piedad.

Lo más recomendable en las visitas domiciliarias, era que no hubiese más de treinta personas inscritas en la lista de la Capilla, para recibir esa visita; la causa era, que puesto que había de pasar una noche en cada hogar, de este modo se podría recibir la visita una vez al mes, (casi siempre con retraso), porque entre treinta alguno incumplía sus obligaciones casi seguro.
De este modo la Imagen de la Capilla había de pasar una noche en cada casa para ser velada.

La forma más correcta de hacer las cosas, aunque no siempre se cumplía era que al atardecer, alguno de los habitantes de la casa, se dirigía a la casa del siguiente de la lista de inscritos para ser visitados, y le hacía entrega de la Capilla con su Imagen con la frase ritual de: Ave María Purísima; contestando quien la recibía… Sin pecado concebida.

Oh que ingrato que sería
Si el que en esta casa entrase
Por olvido se olvidase
De decir AVE MARÍA.

Como si tras ser oída
La palabra Celestial
No responde singular.
SIN PECADO CONCEBIDA.

La Capilla domiciliaria era recibida en la casa visitada, con alegría de todos y era un grandísimo honor que Nuestra Madre, durmiese allí. Cuando llegaba se solía rezar alguna pequeña oración de bienvenida o un saluda, como por ejemplo:
Virgen singular
Reina esclarecida
Seas Bienvenida
A este humilde hogar.

La Capilla de la visita domiciliaria, cuando llega a casa para pasar la noche, y ser velada por los componentes del Hogar, debe situarse en un lugar preferente de la casa, se suele encender alguna vela o lamparilla de aceite en señal de veneración, eso revitaliza la devoción, siendo también muy conveniente además de las velas, ponerle unas flores, o tener detalles de cariño con Ella, como el rezo del rosario en Familia o con amigos; igualmente cuando va a continuar su recorrido lo más lógico es despedirnos de Ella con una oración.

La proximidad de Nuestra entrañable Virgen permite a los que La reciben, pedirle gracias, agradecerle favores y ofrecerle sus buenos propósitos de futuro. Ya que no sólo se le han de abrir las puertas de nuestra casa, sino también las de nuestro corazón.
Como decía anteriormente, lo ideal es que cada Capilla cuente con un listado de unas treinta personas, que componen lo que se le llama “el Coro”, en cuanto ese coro se incremente, lo natural es sacar una nueva capilla con otra imagen para su veneración, de manera que ojalá existiesen muchas Capillas con muchos “Coros”.

Hay una persona que ha de hacerse responsable del mantenimiento de la Capilla y de la actualización del Coro, (fallecimientos, cambios de domicilio, incorporaciones, y vaciado del limosnero) esa persona se la conoce como Celadora.

La Celadora, es la persona que se responsabiliza de hacer un seguimiento de la imagen si no ha llegado a los siguientes de la lista de visitas, hasta localizar la Capilla y reactivar nuevamente su recorrido. En muchos Lugares es costumbre que la Celadora, se encargue de que no falte junto a la Capilla de la Imagen visitadora, algún libro con oraciones, con la historia de esa Imagen, o pequeñas estampas para que puedan ser repartidas en las casas de los anfitriones que reciben la Sagrada Visita.

Si crees que esta bonita tradición debe ser mantenida en este tiempo de descreídos, ayuda a conservarla, y hazte un nuevo propósito: abre tu corazón y tu casa, a alguna de las capillas domiciliarias, que todavía recorren nuestras casas, para lo que podemos informarnos en nuestras respectivas parroquias.