La Europa que pudo ser frente a la ruina de la identidad de las naciones. Por Juan E. Pflüger

La oligarquía, el establishment, la unión de la clase política y el capitalismo más insensible lo tienen claro y llevan trabajando en ello desde hace décadas. Si me apuran, desde hace siglos. El plan de una superestructura que controlase a las sociedades y las llevase hacia donde sólo a ellos les es beneficioso, no es nada nuevo.

Estuvo a punto de salirles bien tras la Primera Guerra Mundial con esa Sociedad de Naciones inventada por el masón Willson. Pero el resurgir de las naciones en Europa impidió que fraguase su modelo de control internacional.

Tras la Segunda Guerra Mundial se impuso la ONU, que no tenía frente a ella identidades nacionales claras que se contrapusieran a su nuevo orden internacional. Y descolonizaron África y Asia, condenando esos territorios a una miseria de la que siguen sin salir, pero de la que sacan buena tajada las multinacionales que dominan la ONU ¿Alguien cree que la ONU no está dominada por grandes grupos económicos?

Pero esas oligarquías no tenían suficiente. Europa se estaba “restaurando” tras la Guerra, y no podían permitirlo. Se inventaron la Unión Europea, porque no podían consentir que hubiera patrias que rechazaran un orden basado en la desaparición de las identidades nacionales. Ha sido un trabajo lento, pero les ha dado muy buen resultado. Salvo dos o tres casos, lo que se conoce como el Grupo de Visegrado, no existe ni un solo país en Europa que tenga el orgullo de poder ser llamado Patria.

Tras la Segunda Guerra Mundial la mayoría de los países europeos, destrozados tras el conflicto, pensaron en cerrarse en ellos mismos para salir con esfuerzo y sacrificio –como hizo España tras la Guerra Civil- de la miseria. Pero apareció el “amigo americano” e impuso el Plan Marshall. Un plan de falsas ayudas económicas –sí, falsas porque se devolvieron los préstamos con intereses hasta el último dólar- que solamente pretendía dirigir a las sociedades supervivientes de la guerra hacia una dependencia de un ente internacional. ¿Alguien sabe quién adelantó la mayor parte del dinero para esas ayudas económicas? ¿Nos suena el nombre de Rothschild?

Curiosamente, a las patrias se les dijo que o se colaboraba entre todos o no habría salida de la crisis postbélica. Entonces, los Shuman y los Adenauer, esos a los que ahora se llama los padres de Europa, rompieron el concepto de la Europa Cristiana de las patrias y crearon la Unión Europea. Aquello, decían, no nos va a dejar sin nuestra identidad nacional. Solamente era un medio para hacer dinero ¿qué otra cosa les importaba?

Y todos los países empezaron a imponer a sus sociedades que aquello era bueno, que nos haría más ricos y que los países que no estuvieran dentro acabarían en una pobreza y miseria propia del Tercer Mundo. Ese que ellos habían creado unos años antes con su nefasta descolonización. Y las dormidas sociedades que no habían vivido la guerra se dejaron arrastrar. Y todos entramos en la UE, que iba a mover nuestra economía solamente. Pero ahora nos encontramos en una UE que es más política que económica. Que ha robado la soberanía de las naciones y que dicta las leyes, especialmente las ideológicas, a todos los países miembros.

Y nos dicen que esas leyes son buenas, y que más Unión Europea es más democracia. Y las dormidas sociedades europeas se lo creen. Sin pararse a pensar que quienes dictan esas normas desde el Consejo de Europa, no son cargos electos sino designados y que a los europeos se nos ha robado el derecho de elegir a nuestros gobernantes. Y se le llama democracia y la gente se lo cree. Y no, no es que yo me vuelva un defensor de la democracia, pero las reglas que nos imponen para jugar a esto de la política parece que solamente las debemos obedecer unos pocos.

Y los europeos somos cada vez más pobres, mientras que esas oligarquías son cada vez más ricas. Y los españoles, que antes de la entrada del euro llegaban a fin de mes, ahora no son capaces. Y encontramos sociedades de trabajadores empobrecidos que, como ocurre en España, trabajan medio mes para mantener ayuntamiento, diputaciones provinciales, comunidades autónomas, el Gobierno Central y los fastuosos costes de la Unión Europea.

España es uno un paradigma de todo esto que vengo contando. Entramos en la UE –CEE se llamaba entonces- con una economía en la que la agricultura suponía poco menos del 10% de nuestro PIB, la industria poco más del 30% y el resto correspondía al sector terciario. Ahora, treinta años después de entrar en ese paradigma del buen hacer económico y tras miles de millones dilapidados en un sector primario que no podía ser rentable tras los recortes impuestos a su producción, la aportación agraria a nuestro PIB ha bajado hasta el 6%, la industria está por debajo del 23%, y el resto se obtiene de los servicios.

Han condenado a España a ser un país empobrecido, dependiendo del turismo europeo cada vez más (en 1975 suponía el 45%) y con la soberanía cedida al dictado de la Unión Europea. Y todavía tenemos que escuchar a nuestros políticos desde las instituciones diciendo que más UE hará a España más fuerte.