Franco ese hombre… que me conquistó después de muerto

Siempre fui crítico con Franco. La verdad es que no terminaba de entender que hacía que aquel abuelito, con pinta de anciano venerable, no se quedase en casa contando batallitas a sus nietos o se fuese a la solana de alguna obra para,  apoyado en una valla, ver el deambular de los palets de ladrillos.

Yo casi tenía ganas de que se muriese. Por ver qué pasaba, que  era lo que venía después.  Con la curiosidad insana de mis diez u once años, le preguntaba una y otra vez a mi padre, y … ¿cuándo se muera que va a pasar?. Mi padre me tranquilizaba: pues nada hijo, ¿qué quieres que pase? Se decretarán tres días de luto y luego vendrá el Rey y todo seguirá,  más o menos,  igual.  A lo mejor algunos cambios: el Rey será algo más moderno,  pero todo igual hijo.  Yo vivía en un barrio obrero y la gente era abiertamente franquista. Algunos comunistas vendían su “Mundo Obrero” de manera clandestina a la entrada del metro de Tetuán, periódico que,  por otra parte, jamás vi comprar a nadie. Debía ser una cosa meramente testimonial.

Poco a poco, como católico, como persona que creía dentro de mi inocencia infantil en la justicia social,  empecé a coquetear con algunos postulados de la izquierda. Solía ir al rastro y charlaba con gente próxima a las juventudes socialistas y también con los falangistas de la Auténtica. Por cierto… que a mi eso de que alguien se tildase en su nombre de “Auténtica”, me hacía gracia y me daba un poco de pena por ellos. Era como si se hiciesen de menos, era una reafirmación que yo no entendía. Era como un reclamo publicitario… la más mejor, la buenadelabuena, la auténtica, la que lava más limpio, la de verdad;  pase… compruebe, los auténticos melones de Villaconejos.

Bueno, pues entre los sociatas y los auténticos pasaba yo los domingos  a pesar de mi juventud, hablando de repartos de plusvalías, de censuras o de la devolución del patrimonio sindical. Obviamente eso me hacía posicionarme claramente como antifranquista. Por otra parte cuando quería contrastar eso en mi casa, mi padre me hablaba de sentimientos pero no de argumentos y el rojerío y los auténticos de argumentos iban sobrados. Así que cada vez iba enseñando más la patita, la patita izquierda para más señas.   Y … murió el General.

Noviembre de 1975. Yo con casi trece años. Se empieza a hablar de democracia, mi padre empieza a coquetear con AP, cosa que tampoco entendía ya que la foto de José Antonio y Franco seguían… y aún siguen en la casa familiar, y,  de repente,  todo el mundo empieza a presumir de antifranquista, de revolucionario, de luchador; pero al estilo de los jaques cobardes: suéltame que lo mato. Pareciera que fueran a echarse al monte para matar a Franco.  ¡Qué heroicos partisanos!  Así cualquiera, Franco ya estaba muerto. Al árbol caído…todos a hacer leña. Era como todos esos que cuando en las fiestas populares matan al novillo en la plaza del pueblo, se suben encima y se hacen fotos con la res muerta y cuando está bien muerta. Eso sí, como el gracioso, que siempre los hay, se vaya por detrás y lance un mugido, no queda ni uno encima del toro y salen todos corriendo como alma que lleva el diablo.

Así iba  yo analizando los cambios que se daban y veía como la izquierda valiente, (a buenas horas), se convertía en el marchamo de la calidad democrática y la derecha cobarde, como siempre, se volvía más antifranquista que los antifranquistas y entonaba el “pio, pio, que yo no he sido”. Y con este panorama… ¿Dónde me encontraba yo? Me encontraba cabreado, defraudado, engañado, por unos y por otros, por traidores y cobardes de un lado, por héroes de papel, del otro, que pretendían ganar una guerra, que no supieron ganar, no ya porque la ganasen los nacionales, sino porque la habían perdido ellos: por zafios, por revanchistas, por carentes de valores, por cobardes, por basar su ideología en el odio, por criminales y por ateos.  Y ante esto ¿qué es lo que hago, que es lo que pienso?  Me empiezo a apiadar de la figura de Franco. Me da profunda pena ese abuelito que juega con sus nietos, que caza, pesca y le gusta la montaña.  Poco a poco se va enquistando un revanchismo absurdo,  un “difama que algo queda”: que si le enganchaban los salmones al anzuelo para que el sólo tuviese que tirar de la caña, que si le soltaban las piezas delante para que Franco las matase, que si su mujer a la que llamaban “la collares”, se pringaba por un collar en cada joyería, ojo, no por un collar de diamantes, turquesas, o zafiros, no, que va. Por un collar de putas perlas.   Y tanto atacaban los advenedizos la figura del General, después de muerto, con argumentos absurdos, con estupideces basadas en mentiras, con mentiras mil veces repetidas, que en mi corazón el General dejó de serlo, para convertirse en el Generalísimo. Y cada dardo que lanzaban contra él, yo lo convertí en una nueva medalla individual. Cada difamación sobre su legado fue una nueva laureada.

Franco hizo cosas mal, faltaría más. La primera de ellas, el escaso adoctrinamiento que se realizó durante el franquismo, en comparación con el que se ha realizado en las escuelas catalanas.   Franco dio a nuestros padres tranquilidad, bonanza económica, trabajo… pero no les entrenó en pensar, no les hizo romperse la cabeza, no tenían razones para contra-argumentar. Para qué, si no hacía falta, si el Tío Paco,  como le llamaban, con su forma de gobernar un tanto patriarcal, se lo daba todo hecho.

Claro que hizo cosas mal, entre otras, rodearse de traidores. El propio Adolfo Suarez,  a la cabeza del Movimiento, era el que movía todas las fichas para el cambio.  Fraga presentaba a Carrillo, el asesino de miles de personas indefensas en Paracuellos, en el club Siglo XXI; y el Rey… aquel del que decía mi padre que continuaría haciendo las cosas bien, que no me preocupase,  el Rey zascandileando, en lo que luego con los años, conocimos que se llamaba el borboneo. Era,  este, un movimiento compulsivo que mi pobre abuela definía por entonces de manera certera, diciendo:  ¿dónde va éste, de un lado para otro?, si parece un andarríos.   Y los franquistas más fieles, con las esperanzas puestas en el andarríos.

¡ Qué penita !

Como comentaba, hace bien poco, a mí me hicieron franquista… los antifranquistas, los franquistas cobardes y los buenistas que,  por encima del bien y del mal,  pretendían sentar cátedra de lo políticamente correcto, cobardear ante cualquier actitud gallarda que hubiere de tomarse en la vida; los expertos en mirar hacia otro lado, ante el odio de la izquierda y la pasividad de la derecha. Una derecha incapaz de implicarse mínimamente en la defensa de un proyecto que les trató tan bien;  y una izquierda vengativa y traicionera, que habiendo copado los grupos de base, (sindicatos, asociaciones de vecinos, grupos de montaña, parroquiales, etc. en definitiva, todo el tejido asociativo) iban realizando de ese modo una maraña de ingeniería social, para vencer la Guerra Civil cuarenta años después. ¡Cuánta vileza!  Por eso sé que debo estar donde estoy, defendiendo la figura de Franco, del que no obtuve ningún beneficio directo, con el que juego a caballo perdedor, porque su defensa no está bien vista y no me aporta ninguna mejora en mi vida sino todo lo contrario.

Franco es una figura histórica, como pueda serlo D. Pelayo, el Cid Campeador o Witiza, que debería estar ya fuera del debate político pero,  como sigue en boca de tanta gentuza, yo personalmente, primero por indignación, después por conocimiento y estudio,  finalmente por corazón,  me declaro profundamente FRANQUISTA. Cada vez más. Porque cuantos mayores y más frecuentes son los ataques que su figura recibe, mayores han de ser nuestros anhelos por defender su obra. Porque cada vez que veo como pretenden manchar su uniforme, más limpio luce y más entorchados le adornan. Porque el odio de tus enemigos, es la mejor demostración de tu grandeza.

¡¡¡ FRANCISCO FRANCO … PRESENTE !!!

No sé si alguna vez volverás al corazón de un pueblo que no te merece, pero jamás saldrás de nuestro recuerdo.

Giacomo Nerone

1 Comment on "Franco ese hombre… que me conquistó después de muerto"

  1. Me ha encantado, pero sobretodo mi retina ha quedado atrapada en la idea del adoctrinamiento català. Por sentimientos que me guardo para mi, sensaciones que no me han gustado.
    Bravo.

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