Rajoy dixit: “Hubo casos de corrupción también en mi partido, pero son casos del siglo pasado”. ¿Y ya está?

Mariano Rajoy se entera de poco. Es difícil precisar, ante el volumen de casos en Madrid o Valencia o del PP nacional, las fechas en las que en concreto  tuvieron lugar las prácticas corruptas que ya Rajoy reconoce hubo en el PP. La sensación es que hay corrupción para la fecha que nos convenga: siglo pasado, siglo actual, presente y la que está por venir. Pero el problema no es ese: el problema es el  silencio cómplice con los corruptos.

Dejando claro que,  de este asunto de la corrupción,  el PSOE, evidentemente, no se salva y Podemos, en la escala a la que ha tenido acceso, tampoco, ahora hablamos del PP que,  con su corrupción,  ha ensuciado valores que se supone representa y que por culpa del PP hoy son menos legítimos. Quizá sólo se salva, de momento, Ciudadanos.

Y del PP hay que decir que si los casos de corrupción descubiertos son tantos, de tal volumen y envergadura y afectan a tantos cargos del PP que se puede hablar de corrupción generalizada, esto no es lo más grave. Lo más grave es que no es creible que estas conductas no fueran concocidas dentro del partido por el resto de cargos significativos del PP y, por lo tanto, no fueran consentidas y permitidas con un silencio cómplice.

En el PP ha habido y, con toda probabilidad, hay una especie de omertá mafiosa que escondía toda la porquería del partido,  en la que unos se tapaban a otros, todos a todos y todos tenían la esperanza de que, de alguna manera, algo del pastel les acabaría cayendo si miraban hacia otro lado ante unas prácticas que es imposible que pasaran desapercibidas en un entorno próximo y ante evidentes síntomas de riqueza inexplicables,  en muchos cargos del PP,   si no se estaba levantando pasta extra,  de forma irregular, a espuertas.   El PP es culpable. Su mancha es imborrable. Y hace daño, mucho daño, para la existencia de una derecha nueva, social,  española sana y leal a sus principios.