La amnistía del 77: la infinita mentira progre

Cada vez que sale a relucir la Ley de Memoria Histórica aparece con mucha frecuencia el tema de la ley de amnistía de 1.977. Se habla de ella como una especie de ley de punto final impuesta por los franquistas  para impedir que sus delitos fueran enjuiciados. Es posible que mucha gente joven piense que esta es la razón de ser de aquella  ley.  Pues no. Nada más alejado de la verdad.

Como en tantas otras cosas estamos ante la infinita capacidad de mentir del mundo progre. En este caso es sangrante. La ley de amnistía del 77 respondía al grito de la pequeñísima oposición activa, comunista en su totalidad o etarra,  que existió durante el Régimen de Franco. Su grito era “Amnistía, libertad”. En Cataluña o Vascongadas el grito era “Libertad, amnistía, estatuto de autonomía”.

La amnistía del 77 fue una exigencia de izquierda y separatistas. Sirvió para poner en la calle a cientos de presos etarras, no había muchos más,  que eran mayoría aplastante entre lo que la progresía llamaba presos políticos. Esos mismo etarras, amnistiados, fueron los que protagonizaron inmediatamente después cientos, repito cientos, de asesinatos.

Aquella amnistía,  no es que no fuera una ley de punto final exigida por los franquistas,  es que los franquistas se opusieron radicalmente a aquella ley del 77. Los franquistas no querían ver a etarras con delitos de sangre en la calle, ni en los franquistas  había la menor sensación de haber cometido actos injustos durante el franquismo por lo tanto no había miedo a juicio alguno.