El separatismo no es nacionalismo

People hold on to Catalan separatist flags on top of an air vent during a demonstration two days after the banned independence referendum in Barcelona

Lugar común estos días es repetir la idea de Vargas Llosa: el nacionalismo es malo de por sí. Los nacionalismos han sido causa de guerras. La democracia, no. La libertad, no. La religión, no. El internacionalismo comunista, tampoco.  Y el capitalismo, nunca. Antes de la existencia de la idea de nación el mundo vivía  una paz perpetua. Que se lo cuenten al bueno de Abel.

El separatismo no es nacionalismo. Y no lo es porque detrás del secesionismo no hay nación alguna. Si detrás de las reclamaciones secesionistas hubiera una verdad, es decir, hubiera una nación tendrían razón. Cuando se les llama nacionalistas se les concede una falsa  carta de legitimad. Gandhi fue un nacionalista  que tuvo toda la razón en serlo. Pero tras Gandhi había una nación. Tras Puigdemont, no.

¿Qué se consigue al llamar nacionalismo al separatismo? Taponar una reacción nacionalista española que, sin embargo, se produce pero que se ve paralizada por estas posiciones que vienen incluso de quienes se definen patriotas.

Es curiosísimo oír perorar a estos patriotas españoles contra un nacionalismo español y buscar recónditas explicaciones para diferenciar entre un patriota y un nacionalista.  Básicamente, un patriota es muy bueno y un nacionalista es muy malo.  La verdad es que un nacionalista no es otra cosa que un patriota que coloca ese patriotismo como primera virtud política. Son infinidad los argumentos de autoridad que igualan patriotismo y nacionalismo  de la misma manera que las palabras  patria y nación son, en el fondo,  sinónimas. España necesita su nacionalismo con urgencia. Y su inexistencia es una de las razones esenciales del separatismo en Cataluña y en otras regiones de España. Que patriotas españoles, Luis del Pino o Carlos Cuesta por ejemplo, se empeñen en frenar un nacionalismo español es surrealista.