Cataluña: Hace mucho que el Art.155 ya no sirve

España sigue dándole vueltas a la aplicación del art. 155 como mecanismo de solución del problema provocado por la Generalidad de Cataluña. Sinceramente, resulta casi evidente que a largo y medio plazo, el 155 no es la solución. A corto plazo, los leguleyos lo verán en sus bizantinas discusiones, quizá sirva de complemento inmediato a las medidas que de verdad hay que adoptar. Pero nada más.

​No estoy hablando de que la aplicación del art. 155 tenga problemas jurídicos para ser aplicado. Quienes hemos ejercido el derecho sabemos que admite un amplísimo marco de interpretación. Dicho para que todos lo entendamos: un Juez, con la ley en la mano, puede decidir no lo que le dé la gana pero sí lo que le dé la gana dentro de ciertos límites también muy amplios. Si en estas circunstancias el Estado no es capaz de justificar la aplicación del art. 155 que despida a todos y cada uno de los Letrados del Estado que tiene a su disposición.

​El problema está en que, por mucho que se aplique el art. 155, eso no cambiará a corto plazo un hecho cierto: hay cerca de un millón y medio de españoles que en Cataluña odian España y no quieren ser españoles. Y eso es lo que con mirada larga hay que cambiar, entre otras cosas, porque España no se merece ese odio y porque ese odio, ese sentimiento, nace de la mentira.

​La verdad es que el art. 155 es poco más que un artículo político-administrativo pensado para situaciones mucho menos graves que la actual. Se debió aplicar hace años: cuando la Generalidad incumplió la primera Sentencia sobre la inmersión lingüística, cuando se empezó a enseñar mentiras evidentes en los colegios y a hacer la vida imposible a los niños que querían estudiar en español, cuando un día la Generalidad decidió sancionar a los comerciantes que rotulaban en español, cuando se empezaron a subvencionar sin miramientos los medios de comunicación separatistas, cuando para ser funcionario se empezaron a manipular concursos y tribunales con el objetivo de llenar la administración de simpatizantes separatistas y/o de izquierdas, quizá el mismo día en el que se convocó un referéndum para romper España… En fin, ha habido decenas de momentos para aplicar el art. 155. Si se hubiera hecho en alguno de esos entonces no habríamos llegado hasta aquí. Pero como dijo Tarradellas ya estamos aquí.

​¿Y donde estamos? Ya no estamos en una situación jurídica. En lenguaje moderno estamos ya en una realidad postjurídica. Estamos en una situación de hecho. La Generalidad de Cataluña y el Parlamento catalán actúan fuera ya de toda ley, incluso de las normas que el mismo Parlamento catalán acaba de promulgar. Es un proceso revolucionario.

​¿Qué hacer ante algo así? ¿Cómo se frena un proceso revolucionario? He buscado en la Constitución y no veo el Capítulo dedicado a los procesos revolucionarios. Así que, en primer lugar hay que tomar una decisión que no viene en la Ley: frenarlo o no. Esa decisión el Gobierno no la ha tomado aún. Tiene pánico a tomarla y pulula en la esperanza de que esto se resuelva sólo. Lo dudo. Las cosas se han dejado llegar a un punto en el que la Generalidad tiene muy difícil volverse atrás. Sería una rendición. No obstante hay una esperanza para que la Generalidad pueda tener una salida aparentemente digna: la convocatoria de elecciones. ¿Problema? Pueden llevarnos a estar en las mismas dentro de menos de un año y esa convocatoria electoral no impediría que muchos españoles en Cataluña continuaran sufriendo la pegajosa y cotidiana represión separatista.

​¿Se rendirá España? Si por Rajoy fuera, probablemente, sí. Con alguna componenda para disimularlo pero Rajoy, de la mano de Sánchez como excusa para su parroquia, se rendiría. Sin embargo, se han encontrado un obstáculo inesperado: el pueblo español. Hace tiempo pensaba que Cataluña no merecía la sangre de un español. Que se independizara Cataluña, que España dedicara sus esfuerzos a hacer la vida económicamente imposible a la nueva nación independiente y que provocara así su retorno en un tiempo prudencial como sucedió en 1.640 cuando los catalanes ya fueron unos 10 años franceses. Los franceses les pusieron firmes. Por eso en la Guerra de Sucesión de 1.700 no podían ver un Borbón ni en pintura. Ahora ya se les ha olvidado y Junqueras ha descubierto que tiene genotipo francés. Pobres franceses cuando lo sepan.

​El pueblo español es el problema para esta solución, para la rendición, digamos, temporal y para la rendición disfrazada que querrían Rajoy y Sánchez. Concretamente la parte del pueblo español que vive en Cataluña o los catalanes que se tendrían que exiliar de Cataluña como por cientos de miles muchos vascos tuvieron que huir de Vascongadas. ¿Les dejamos solos aunque sólo sea por unos años? La respuesta, después del 8 de Octubre en Barcelona, no puede ser que sí. Y si la respuesta es que no les dejamos solos, la conclusión final es dura: el problema generado para los españoles en Cataluña deberá resolverse, simplemente, con el empleo de todos los medios necesarios para solucionarlo y con el menor coste posible para España y para los españoles. Con todos los medios. Si no, condenaremos a muchos compatriotas a ser extranjeros en Cataluña y a sufrir solos en Cataluña el abandono de España. Hay que ir asumiendo esto. Desgraciadamente, hay que ir asumiendo esto.

Eduardo Arias