El día nacional que debe ser bandera para la comunidad hispánica

Quizás las especiales circunstancias en que se conmemora este año el Día Nacional de España, fijado nuevamente en 1987, por lo que significa e implica, el 12 de Octubre, le confiera algo de aquello que, por dejadez o decisión gubernativa, nunca ha llegado a tener: el calor popular.

Quizás las circunstancias hagan que este año -¡ojalá se mantenga y se incremente exponencialmente!- sea lo que siempre debiera haber sido: la manifestación anual y colectiva del orgullo de ser españoles envuelta en los colores patrios. Que la conmemoración deje de ser concebida y sentida solo como un día de fiesta y, si hay suerte, un puente laboral.

Ahora bien, el 12-0 es algo más, pues conceptualmente va más allá de las fronteras físicas de una nación, porque es también el símbolo del crisol identitario de una comunidad cultural y espiritual, cuyo origen radica en el cumplimiento de un destino universal coetáneo a la restauración de la España perdida en el 711: la comunidad de los hispanos de ambos hemisferios. Bastaría para comprender su significado global con recorrer las diversas denominaciones que recibe este día en no pocos países de alma hispana: Día de la Raza, Fiesta de la Hispanidad, Día de la Madre Patria, Columbus Day, el Día del Descubrimiento de los Dos Mundos.

No estaría de más recordar que la conmemoración común hispánica no surgió en esta ribera del Atlántico sino en la otra, de la mano de la Unión Ibero-Americana, allá por 1913, haciéndola España, por vez primera, fiesta nacional en 1918 bajo el gobierno de Alfonso XIII.

Indisolublemente unida a esa conmemoración, soldada racional e intelectualmente, porque es su razón de ser, palpita la idea de la Hispanidad, de la comunidad hispánica que era lo que se quería y se quiere decir cuando se emplea o se empleaba el término raza. Hispanidad, me parece, mucho más sentida en los países nacidos de España que en la propia España.

Aunque si aquí se ha transformado en un concepto vacuo, añejo, olvidado y repudiado -fascista o franquista para algunos-, allí se ha atacado inventando inexistentes “genocidios” o “resistencias indígenas”. De ahí que algunos regímenes totalitarios o neocomunistas conmemoren el mismo día con tan estrafalarios nombres como el “día de la resistencia indígena”. Cabeza de puente para intentar volatilizar la existencia o continuidad de esa Hispanidad.

La Hispanidad no fue nunca un proyecto imperial o imperialista. Yerran algunos que evaluando la teoría tratan de presentarlo así. La Hispanidad es el lazo cultural e histórico, con base moral y social en la catolicidad, que une en el pensamiento a los hispanos de aquí y de allá. Pero más allá de la retórica, o por debajo de la retórica, y de ahí la intención clara y rotunda, desde un lado u otro ideológico, desde los intereses de las grandes áreas de poder económico, de derrumbar el concepto de Hispanidad, lo que debiera latir, siendo objeto de conmemoración, es que esa comunidad hispánica, que existe, que es real, se constituya en un contrapeso en el mundo globalizado con capacidad para torcer su rumbo respetando la nación, la patria, y uniendo a la comunidad.

Francisco Torres García