Duelo de cobardes

Puigdemonio ha proclamado la Independencia de Cataluña; pero poco.

El Presidente del Gobierno de España, tomará las medidas que esté en su mano tomar, siempre dentro del marco constitucional, de manera moderada, proporcional, y midiendo los tempos, midiendo la respuesta, y mirando de reojillo a Europa, mirando de reojillo al quedirán, al Psoe, al de la coleta, a los Listos de turno, y a todo lo que se menee.

Recuerda claramente esas peleas de niños, de niños cobardicas, de … dame, no… dame tu primero… pégame si eres valiente… dame tú si te atreves, gallina… ¿gallina yo?… gallina tú. Ambos sacando pecho, pero sin atreverse a decir una frase que desate el … nohayvueltaatrás. Tonto, tonto tú, llámame hijoputa, llámamelo si te atreves y te rompo la cara; dímelo tú listillo… te vas a enterar… Y así hasta el infinito.

Como en las grandes obras urbanas, en las que los jubilados apoyados en la valla se permiten opinar, y hasta pontificar, si ellos la rampa de acceso la hubieran hecho más allá, o si ese hormigón para encofrar está demasiado líquido, del mismo modo, los jubilados del gobierno, se permiten opinar, se permiten pontificar. Ya sea Aznar, Felipe González o su polimalo Alfonso Guerra, ahora hablan, hablan y hablan con incontrolable verborrea, sobre si hay que aplicar el art. 155 o hay que detener a los responsables de la asonada por un delito de rebelión. Ellos, sí ellos quienes no supieron ni quisieron torear a la mamona, quienes alimentaron al eral hasta verle hacerse novillo, quienes miraron para otro lado cuando era cuatreño, ellos ahora pretenden que Rajoy toree ese morlaco; pero es que el morlaco pesa seiscientos kilos, está resabiado, y tiene unas velas como para poder colgar toda la colada de baberos de una guardería. Y el sobresaliente, D. Mariano desde detrás del burladero… diciendo… ese toro me ha mirado mal. Tranquilo maestro, que ya han dado el segundo aviso, y en breve le devuelven a corrales.

Y a todo esto el otro cobarde, como el reo de un delito de violación, diciendo… Señoría, es cierto que la penetré… pero sólo la puntita.

Giacomo Nerone